Idas y venidas

El verano, el calor y yo

Por fin estamos entrando en la última etapa de verano, y repito ¡por fin!

El verano es una época deseada por aquellos privilegiados que tienen vacaciones, pero no nos engañemos, la mayoría de personas no tenemos vacaciones y las expectativas de verano que nos creamos son las que nos llegan por culpa del marketing televisivo que nos acosa todos los días y esas películas paradisíacas que llenan las carteleras. Hay que ser realista: el verano idílico de días dorando el cuerpo al sol, mojitos y conciertos en la playa mientras bailamos despreocupados escuchando alguna canción top del momento no nos llega a todos.

Dicho esto e intentando justificar mis palabras, os voy a explicar mis 10 razones por las que odiar el verano, allá van seres estivales…

  1. Si no tienes el gran privilegio de vivir en una casa con aire acondicionado o tener un castillo en los fiordos o que tu vecina sea Elsa y te pueda ofrecer alguna solución refrescante (que Olaf, por ejemplo, te preste su nube personal de nieve) entonces estas perdido porque el hervidero en el que vives te lo va a recordar en cada momento. Intentas abrir las ventanas para crear algo de corriente y lo único que se crea es una ola de calor que te golpea el cuerpo llevándose la primera capa de piel, arf!

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    Abrir la ventana de casa y sentir el azote del aire caliente. Hacemos unos marshmallows?
  2. La cama, esa compañera de invierno de la que cuesta tanto despegarse y en verano pasa igual pero porque el disparo del termómetro os ha derretido a los dos hasta casi haceros uno. No paras de hacer la croqueta por ella en busca de los huecos vírgenes que siguen algo “fresquitos” o esa vuelta a la almohada en busca del lado menos sobado. Resumiendo: la cama se vuelve una parrilla en la que nosotros nos hacemos vuelta y vuelta. Si la desesperación te invade, siempre quedará el frescor del suelo…

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    Cuando la cama se vuelve en un lecho de incineración vikingo, el suelo es la solución.
  3. No paras de sudar, en la cama, en el trabajo, hasta después de ducharte sigues derritiéndote y sudando (por más veces que te duches al día seguirás igual). Cualquier tipo de esfuerzo o movimiento te produce sudor y da igual la poca ropa que lleves, es más, para las que tenemos las piernas rollizas el llevar pantalón corto o falda produce el tan conocido rozamiento jamonil (que no se quita ni con un camión entero de polvos de talco). Las ganas de realizar cualquier actividad al aire libre se reducen a la noche cuando no parece que en la calle llueve fuego, pero no nos engañemos, estaremos ya tan agobiados del calor y del sudor que nuestra única motivación será quedarnos quietos en el sofá aguantando la compostura delante del ventilador.

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    Por más que luches seguirás sudando, asúmelo.
  4. El contacto físico en verano está sobre valorado. Ese abrazo en camiseta de tirantes que te da tu amiga, tu madre, la vecina del 5º que te saluda al volver del pueblo, quien sea, con la sobaquera empapada que termina pasando por tu brazo arropándote con su humedad. Asqueroso e innecesario.

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    ¿Por qué a mi, señor?
  5. El maquillaje, el enemigo del verano y de la mujer. Ahora con la moda de ponerse tantas capas en la cara creando sombras y casi una máscara con la que no te reconocería ni la mujer que te trajo al mundo. Con este calor se siente el derretimiento y chorreo del maquillaje (en cara propia y ajena). Terminas el día con la cara igual que cuando vas de fiesta y después de una noche movida no sabes si has salido con tus amigas o cambiaste tus planes e ibas a ir a matar a BatmanI-have-no-idea-what-my-real-face-looks-like-Toddlers-and-Tiaras-GIF
  6. Cuando están todos de vacaciones y tu trabajando. Piénsalo, la idealización de unas vacaciones en verano terminó junto con nuestra era escolar. Son pocos los privilegiados que pueden disfrutar de un verano de mojitos y playas de arena blanca. La mayoría de mortales siguen sepultados en sus trabajos deseando juntar, dos, tres o incluso 4 días para poder hacer escapadas y al menos, dejar de sudar en casa para poder sudar cerca de un lugar con agua o aire acondicionado. Recuerdo las palabras del tío Ben replicando en mi cabeza y aplicadas a mi edad adulta “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, ahora entiendo que le hablaba del trabajo a Peter Parker…

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    Dichoso despertador para ir a trabajar… ¿por qué no nací rica, señor?
  7. Hay aglomeraciones en toooodas partes. Si tienes la suerte de vivir en alguna ciudad o pueblos perdidos de la mano de dios dónde todo habitante emigra en busca del fresco o del agua y os dejan a los pocos a merced de los abrasadores rayos del sol, entonces amigos, tenéis el privilegio de poseer las calles para vosotros. Para los que vivimos en capitales pues NO. Ir a cualquier sitio supone dejarte arrastrar por la masa de gente autóctona mezclada con la avalancha continua de guiris que no paran de llegar a la ciudad. Acudir a cualquier sitio social como bares o playas se convierte en una lucha épica por coger sitio. Ni los retiros espirituales a la montaña se salvan: las familias con niños las invaden y es ahí cuando realmente sientes el aliento del apocalipsis en tu nuca: NIÑOS, ese otro fenómeno que invaden el planeta en periodo estival.tumblr_nmwpwhmtKp1ql5yr7o1_500
  8. El ataque de los insectos, pero no ha todos, solo a los que llevamos la marca invisible de proveedores de alimento universal. A parte de las picadas (de las cuales cada año soy víctima) también os quiero hablar de ese zumbido ensordecedor en la oreja cuando estamos cogiendo el sueño en la cama, de esas avispas que viene a colonizar nuestras plantas del balcón (o a las supervivientes del verano, pobrecitas) además de la colonia de polillas instalada en mi armario y mi cocina.

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    No sabemos del todo bien que llevan esos sprys pero… son ellos o nosotros.
  9. Los niños, ya os he dicho que están en todas partes ¿no? Se vuelven en verano en la plaga más terrorífica que podría haber tenido Egipto en su día. Invaden las calles, las playas, las piscinas y todo lugar público-social al que quieras ir. Con esa felicidad y energía que parecen inagotables y que tú solo tienes las fuerzas necesarias para levantar tu vaso de refresco y llevártelo a la boca para no morir de deshidratación.

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    Relax, que son solo tres meses.
  10. El fin del verano, porque aunque no nos guste su calor y no podamos disfrutar esta época como quisiéramos, nos pasa volando. La sensación agridulce que te queda en el cuerpo de que haya pasado ya y no haber podido aprovecharlo (un año más) del todo. Aunque siempre nos quedará el consuelo de ahorrar y guardar unos días para el año que viene (¡ja!).

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    Se terminó el verano pero tranquilos, no es el fin del mundo.

Y es que al fin y al cabo, el verano se nos termina haciendo corto y nos pasa el tiempo volando ya sea en el trabajo, en la playa o en el pueblo de tus padres que no pasa ni dios ni para las fiestas del barrio. Cualquier escusa es buena para quedarse callejeando hasta las tantas ya sea en la terraza de un bar o charlando con tus amigos en un banco debajo de tu casa a las 2 de la madrugada. Luego ya llegará el frío y se encargará de dejarnos encerrados en casa. Winter is coming…

 

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